El cine que funcionaba en el Auditorio Libertador de Villa Ramallo cerró sus puertas y volvió a encender la preocupación por la continuidad de las salas en el interior del país. La iniciativa, impulsada por la productora María Eugenia Carrero junto a inversores privados, había logrado reactivar la propuesta cinematográfica local durante 2024.
La reapertura, concretada en vacaciones de invierno, tuvo una buena respuesta inicial del público y generó expectativas de consolidación. Sin embargo, con el correr de los meses, la asistencia comenzó a disminuir de manera sostenida, afectando la viabilidad económica del proyecto.
A la baja de espectadores se sumaron los costos operativos y el contexto económico, factores que terminaron por volver insostenible el funcionamiento de la sala. La situación refleja una tendencia más amplia que atraviesa a distintas ciudades, donde el avance de las plataformas digitales y los cambios en los hábitos de consumo impactan directamente en la concurrencia.